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Nunca montes una tienda de deporte
Como palmé mucha pasta. Parte I
Vender es malo
Eso es lo que nos meten en la cabeza cuando somos pequeñitos y nos pasamos la vida intentando disimular que no vendemos.
A menudo se percibe negativamente por miedo al rechazo, baja autoestima o asociación con el engaño.
Pues vas a tener que ir a confesarte, porque si de verdad piensas que vender es malo, lo haces continuamente y desde siempre.
TODOS VENDEMOS
Vendemos cuando queremos gustar a alguien. Vendemos cuando queremos optar a un trabajo. Vendemos cuando hablamos con nuestros padres.
Vendemos para gustar. Para ser buen padre o para ser buen hijo.
Vendemos ideas, sensaciones, ilusiones.
Incluso cuando somos bebés, vendemos. Lloramos para llamar la atención de nuestra madre y que nos coja en brazos. Eso también es vender que nos elijan.
No hay nada de malo en vender.
Siempre que lo hagas de forma lícita y honesta.
Desde pequeño me han dicho que tenia una habilidad especial para vender.
Pero tengo que reconocer que no me gustaba decir que vendía abiertamente.
Nunca he vivido en un contexto de emprendimiento. Mi padre era trabajador de Michelin, la fabrica de ruedas francesa, y mi madre ama de casa. En mi entorno no he tenido contacto con el emprendimiento.
Sin embargo desde muy pequeño yo veía el mundo en términos de negocio.
Estando en la antigua EGB, compraba juegos de ordenador en «Cantarranas», un sitio parecido al Rastro de Madrid pero en Valladolid, mi ciudad natal. Los juegos de ordenador en aquellos entonces, te hablo de los 80, se grababan en cintas de cassette que ya no existen.
Cuando ya tenía el juego comprado, le decía a chicos de mi clase si compraban ese mismo juego conmigo a medias. Y eso lo hacía con varios. Compraba a medias un mismo juego que yo ya tenía con muchas personas.
Eso ya hacía prever que vendía sin querer decir que vendía.
En el Instituto en mi época, se hacían fotocopias. Muchas fotocopias. Gastábamos mucho dinero en fotocopias. Mucho en fotocopias y mucho en bocatas de tortilla. Y en pagar las partidas de mus que perdíamos cuando nos pirábamos las clases, con el dinero que pedíamos a nuestras madres para fotocopias.
Después de un tiempo gastando dinero en fotocopias, reuní a mis amigos de la panda, unos 8 de no más de 14 años y les dije: «Con todo lo que gastamos en fotocopias, porque no nos juntamos y compramos una»
Tenía el emprendimiento en la cabeza constantemente.
Por eso estando en 4º de Ingeniería Industrial Superior, decidí montar mi propia empresa.
Hacia mucho deporte. Se me daban bien. Hice Kárate hasta azul, algo de ciclismo. Y mucho fútbol y fútbol sala. Destacaba mucho.
Y tenis de mesa. Lo que todo el mundo llama ping pong, que cuando juegas rápido y federado ya evoluciona a tenis de mesa, como los Pokemon.
También era lo que en mi época llamaban «pijo». Me justaba comprarme cosas de marca, que me compraba con lo que ganaba trabajando de extra en bodas y comuniones. Sabía lo que costaba ganarlo, y aún así me gastaba un pastizal.
Pijo convencido.
Y jugando al fútbol y trabajando para comprarme lo último, no encontraba tiendas que tuvieran lo que yo buscaba. Y ahí apareció la genialidad:
«Voy a montar una tienda de deportes»
Noooooo. NOOOOOOO. NOOOOOOO
Errooooor!!!
[Suenan las alarmas] Sirenas rojas girando.
Si en algún momento alguien de vuestro alrededor dice esa frase, por favor, hipnotizarle o darle con un bate que caiga en coma y deje esa idea.
No quiero hacer apología de la violencia, pero seguro que eso es mejor que la idea de montar una tienda de deporte.
Yo la monté. Me fué mal. Muy mal.
Gané experiencia. Mucha.
Perdí dinero. Mucho también.
Vender SÍ. Tienda de deporte NO.
Yo vendo. Ahora no tengo ningún problema en decir que vendo.
Vendo mi experiencia a otros para que no se equivoquen y ganen dinero.
No es barato. Equivocarse es muy caro.
Si quieres ganar dinero con deporte que no sea una tienda, abajo.
Ganarlo. No perderlo, como yo. Ya lo perdí yo, te cuento como no hacerlo.
P.D. Te seguiré contando lo que pasó con mi primera tienda de Deporte especializada en futbol, Euroestadio en Murcia. Tuve más. Antes de saber que no debería tenerlas.
P.D. 2: Aquí si quieres saber porque no funcionan las tiendas de deporte
P.D.3: Nunca compramos la fotocopiadora. Mis amigos eran unos rajaos. Pero en la revista de la Universidad en la que me hicieron una entrevista el título fue «Fotocopiadora sí, fotocopiadora no»